miércoles, 11 de febrero de 2009

El amor loco



Al amparo de la madrugada, estrecho las pupilas con que te miro siempre, para caminar los tejados de la ciudad como un gato que recuerda su libertad. La escarcha parece lluvia fina que resbala por el incendio de mi piel enamorada y la luna, clara y desvergonzada, peina su luz con lujuria y batalla.

Desde aquí soy un funambulista que llega hasta ti, siete horas de camino, sin miedo porque los pájaros me prestan sus alas. Desde esta altura imposible, puedo ver el paseo de sangre de los que tiritan y reconocer el discurrir de la mía propia, como culebrinas que quiebran el aire.

Desde aquí, mis ojos alcanzan el final del futuro y puedo desnudar mi hermosa locura a carcajadas luminosas como miradas de estrella. Puedo endulzar con vainilla del alma, tus lágrimas de champán amargo, curar con saliva escogida de entre las tormentas, tus dolores y desasosiegos.

Desde esta altura de ático celeste, mi sangre, mi sudor, los mares que me ocupan, van preparando el camino para que mi amor embarque hasta ti, tu abrazo perfecto, tu lugar de mundos donde desembarcar mi alma demasiada.


PEDRO PABLO DIAZ ESPADAS